Pasó casi un mes, mañana se cumplen 31 días de aquel hecho. Y recién hoy me animo a abordarlo desde mi humilde espacio en la web. Se juntaron varias cosas: Obligaciones que eran más urgentes, pero también la sensación, confusa, de que aún no podía creer lo que había ocurrido.
Costó mucho caer, aunque tal vez el tiempo transcurrido haya servido para poner las cosas un poco más en perspectiva y poder hacer un análisis sin estar inmerso en el shock inicial que sufrimos miles de personas. No todos los días uno pierde a su líder político.
Lo más duro de esto seguramente sea que nadie lo esperaba. Si bien se le había vaticinado a Néstor que los problemas cardíacos, que requirieron dos intervenciones, podían traerle complicaciones, uno nunca creyó del todo ciertas esas advertencias, que muchas veces parecían deseos de los rivales más que un futuro posible.
Otro motivo por el que la noticia golpeó fuerte se trató del día en que ocurrió: Durante un evento al que el Gobierno de Cristina impulsó tanto, como fue el Censo. De otra forma hubiera sido un día más de la rutina, pero no, era una fecha donde muchos queríamos demostrarle a algunos editorialistas (Van Der Kooy y afines) que no le teníamos miedo a ningún censista que solo pretendía cumplir con su labor del día. Desde mi lugar tenía ese sentido, debía ser una fecha brillante, redonda, para derribar los mitos que se buscó construir.
Quizás lo que el común de la gente piense (no voy a usar el “lo que dice la gente”, porque es propiedad de la vieja reaccionaria recalcitrante) sea “Por qué te duele tanto la muerte de un político?”. Para los que tal vez tengan una actitud de distancia o indiferencia frente a la política, o tengan una postura distinta a la mia, paso a explicar qué significa Néstor para el país. Y para mi.
Una cosa es segura, y no la pueden negar ni siquiera los más acérrimos opositores: Néstor Kirchner ha sido el hombre más influyente de la última década, y eso puede verse claramente en los amores y odios, apasionados por igual, que generó, sobre todo en los últimos años. El crecimiento que experimentó su capital político fue muy paulatino, supo pasar de ser un “Don Nadie” que venía de una gobernación del sur, a ser la persona más importante del país. Su figura no podría haber adquirido semejante dimensión si no hubiera sido por una serie de acciones concretas, que podrían haber sido negativas, como casos que conocemos bien en la historia reciente, o positivas. Seguramente fueron, mayormente, estas últimas.
Las circunstancias en las que asumió el poder no eran para nada fáciles, y demandaban una serie de medidas. Néstor Kirchner no solo apuntó a la reactivación de la economía, evitar los ajustes y terminar con las relaciones de dependencia “abusiva” con Estados Unidos y el FMI, sino que le dio lugar en la agenda a temas relegados durante años, grandes deudas de la democracia, como es el juicio y castigo a los responsables de la última Dictadura Militar. Posiblemente no hubiera tenido impacto por si solo descolgar el cuadro de Videla en la Casa Rosada, si no fuera porque ese gesto estuvo acompañada de un conjunto de decisiones que apuntó en la misma línea: Anulación de las leyes del perdón, reapertura de los juicios, además de haberles dado a organizaciones como Madres y Abuelas un lugar de importancia como nunca habían desempeñado dentro del Estado.
En el ámbito económico, quizás el principal logro de su administración, que continúa Cristina Fernández, es haber corrido a la actividad del plano neoliberal a ultranza, donde todo dependía de la buena voluntad y desempeño de los privados. En otras palabras, devolverle al Estado un rol de regulador que es necesario para garantizar un buen funcionamiento de los diversos sectores productivos, más allá de que ciertos espacios, como la Sociedad Rural con Biolcati a la cabeza, vean como una amenaza el “intervencionismo”.
Quisiera ocuparme ahora de mi historia personal con el proyecto de Néstor, que continúa Cristina. Hice bien en mencionar recién a la entidad agraria, porque fue precisamente la reacción agresiva contra la 125 uno de los hechos que me hizo abrir los ojos sobre la necesidad de defender un modelo en el que se cree. No se podía tolerar que los sectores concentrados pretendieran impedir una de las medidas más importantes que tendía a la redistribución de las rentas extraordinarias. Este episodio político fue el que más me acercó a la “militancia” (lo pongo entre comillas porque no pertenezco a ninguna agrupación, por ahora): yo soy un hijo político de la batalla de la 125.
La sensación que prima desde hace un par de años es que los grandes medios de comunicación se han dedicado a atacar al modelo del ex Presidente por los logros, no por los errores. Precisamente el ataque sistemático a la 125 y todas las medidas que vinieron después fue lo que me terminó de convencer de la necesidad de reivindicar a los cuatro vientos la postura que defiendo. Y ese es otro gran logro de Néstor en este último tiempo, tal vez uno de los más importantes: Haber impulsado a jóvenes como yo a querer participar en la política, desde un rol más activo, sentir que son parte del proyecto que se está llevando a cabo, que no están afuera de eso.
Por todo lo antes mencionado, es que quería agradecerle, desde este espacio, a él, que tomó un país devastado, sin esperanzas, además de un Estado vaciado, y lo hizo resurgir. Personalmente no tengo dudas: soy un hijo político de Néstor.